NUEVOS RETOS EN EL SECTOR DE LA INFORMACIÓN Y LA DOCUMENTACIÓN

Ayer asistimos al VIII Foro de la Asociación Andaluza de Profesionales de la Información y la Documentación bajo el título “Nuevos retos, nuevas profesiones”. La discusión, amena e interesante, se centró básicamente en lo que ya viene siendo un eterno debate entre intrusismo laboral o colaboración profesional. De todo ello he sacado algunas conclusiones que a su vez, mejor deberían ser preguntas abiertas que nos invitasen a la reflexión y a construir todos juntos un sector de la información y la documentación mejor.

Dos bandos se perfilan claramente. Por un lado los profesionales de bibliotecas, aquellos que han cursado estudios en Biblioteconomía y desean y exigen que eso sea un requisito para ejercer la profesión. De otro lado, los que provienen de estudios diversos, más o menos relacionados con la información y la documentación, que han completado su formación con cursos o máster de diversa índole, y anhelan que la puerta permanezca abierta. El problema queda planteado: la división. Cada cuál, entre los que podría incluirme yo mismo, tira del carro que más le conviene, y en los tiempos que corren incluso puede entenderse. Sin embargo, el debate se plantea dentro del sector “Información y Documentación”, un sector amplio, con diversos perfiles profesionales, e incluso vocacionales, y que en una sociedad llamada “de la información”, tremendamente globalizada, no pueden permanecer encerrados y con la puerta cerrada. Las líneas divisorias cada vez son más frágiles, a veces prácticamente inexistentes, y la colaboración entre profesionales del sector se hace cada día más necesaria: periodistas, bibliotecarios, archiveros, community manager… sin que ello signifique dejar de exigir la formación adecuada y necesaria para el puesto a desempeñar.

La cuestión no es si un documentalista de medicina deber ser documentalista ó tener conocimientos en medicina. La cuestión es que para gestionar determinada información especializada, es necesario también disponer de conocimientos en el área específica, al igual que un periodista de tribunales debe conocer el mundo jurídico, su funcionamiento, la terminología concreta etc.

Se planteaba también el interrogante de si un bibliotecario ha de ejercer también de community manager ejecutando la difusión a través de las redes sociales. Si una de las misiones fundamentales de la biblioteca, si no la principal, es la apertura a la sociedad, es decir, la difusión del conocimiento a la sociedad, hoy las redes sociales tienen un importantísimo peso en la consecución de tal objetivo, por lo que el bibliotecario no puede dar la espalda a su misión fundamental. Cuestión aparte sería cada caso concreto en relación a tiempo disponible, personal, etc.

Tal y como señalaba el profesor Carlos Castro, ¿deberíamos hablar de intrusismo profesional o colaboración profesional?

Como apuntaba al comienzo, todo lo anterior son cuestiones abiertas q invitan al diálogo y la reflexión con el único objetivo claro que deberíamos tener: alcanzar un punto de unión entre profesionales diversos, pero todos dedicados a la gestión de la información y el conocimiento.

Espero que os haya gustado este post, estéis o no de acuerdo, en todo o en parte, y que contribuyáis difundiéndolo y, por su puesto, comentándolo. Un saludo y hasta la próxima.

ENLACE DE INTERÉS: http://www.aapid.org/website/ “Asociación Andaluza de Profesionales de la Información y la Documentación”.

LA SOCIEDAD “ABORREGADA” Ó LA “NEOESCLAVITUD”.

      Hoy, el diario “20 minutos” en su edición de Andalucía recoge en portada que Al 14% de los andaluces con trabajo les falta formación y el 25% están mejor preparados de lo que exige su puesto. Son datos extraídos del último informe “Avance del mercado laboral”, elaborado por Analistas Financieros Internacionales (AFI) y Asempleo, que apunta hasta el 41’1% la tasa de desajuste en cualificación en España.

     No sé hasta que punto son ciertas dichas cifras, ni mucho menos  en qué grado pueden ser extrapolables al conjunto del país, pero lo cierto y verdadero es que tal situación, al margen de números, es cierta. Y si nos fijamos en las colas de desempleo, cuántos ciudadanos con la formación adecuada se encuentran en el paro a la vez que otros, no suficientemente cualificados, han tenido, al menos, la oportunidad. Pero claro, ésto no es culpa del trabajador, si no del empleador, que con esta actitud crea y refuerza una situación de desajuste en el mercado laboral que acaba haciendo infelices a todos.

      Este ambiente enlaza de forma directa con la realidad socioeconómica que estamos viviendo. Las altas esferas políticas y económicas nos están “aborregando” y transformando en los “esclavos del siglo XXI” (salvando todas las distancias): la clase media desaparece con el beneplácito, directo o indirecto, de izquierdas y derechas, a la vez que las subidas de precios e impuestos, por otro lado continuas, no hacen más que empujarnos a trabajar y trabajar sólo para “subsistir” y pagar a plazos.  Y lo peor de todo es que da la impresión de que lo están consiguiendo: los que trabajan no protestan por miedo, y los que no trabajan no son escuchados, ni mucho menos atendidos. “MIEDO”, ese es el concepto clave si no ¿por qué se prefiere contratar a los menos formados?

LEE MENOS, LEE MEJOR.

      Es la conclusión a la que he llegado esta misma tarde tras asistir al “debate[SIC]” organizado por la Universitá Oberta de Catalunya en su sede territorial de Sevilla bajo el título No te dejes aplastar por la Infoxicación, término acuñado en España a mediados de la década de los noventa por Alfons Cornellá que hace referencia a la sobreabundancia de información.

      Desde que Internet comenzase a difundirse socialmente, la cantidad de sitios web, blogs, redes sociales, etcétera dónde podemos hallar información acerca de un determinado tema se ha multiplicado de una forma increíble. La consecuencia inmediata es un exceso de información que nos sobrecarga, información ésta de cuya veracidad, credibilidad, fiabilidad y/o autenticidad no tenemos constancia en la mayoría de las ocasiones. Se hace por tanto necesario aplicar filtros que nos permitan rescatar de ese mar de datos la información que ciertamente nos es de utilidad para el fin perseguido. Indudablemente el camino para ello es la experiencia, e ir desechando aquellas fuentes que en otros momentos no nos han resultado idóneas. Así, finalmente lograremos “leer menos pero leer mejor”, es decir, acceder a la información que nos es útil, veraz, fiable… lo que a su vez agilizará nuestro trabajo haciéndonos mejores y más productivos y permitiéndonos administrar mejor nuestro valioso tiempo.

      Como acertadamente apuntaba uno de los participantes, el periodista Antonio Manfredi, el punto de partida para ello reside en la educación, en formar ciudadanos críticos capaces de seleccionar lo relevante y valioso de lo irrelevante y vacío.

      Aunque el debate se ha centrado, desde mi punto de vista, demasiado en lo profesional y en twitter, y con un lenguaje algo alejado del carácter divulgativo del que debería presumir todo periodista, siempre me gusta tratar estos temas no desde la óptica del profesional de la información, si no desde el lado del consumidor de información pues todos, periodistas y no periodistas, consumimos información.

(Si os han gustado mis breves conclusiones no olvidéis compartir este post en Twitter desde el botón situado bajo estas líneas.)

NOTA: podéis conocer todas las opiniones y comentarios acerca de este debate en el timeline del mismo a través del hagstag #debatesic en Twitter.

Educación, libros, series, historia, arte, política…Aquí escribo lo que me apetece, y estás invitado

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora